La
Gripe aviar y la caza de aves
Contexto
La
Gripe o Influenza aviar puede provocar una mortalidad significativa
en las poblaciones de aves silvestres y tener también consecuencias
para la producción comercial de aves de corral (incluidas
las destinadas a la caza). Constituye, además, un riesgo
potencial importante para el hombre. El patrón de los brotes
de H5N1 en la UE y otros países europeos, así como
recientes publicaciones científicas respecto al HPAI H5N1
en Asia, parecen indicar que las aves migratorias son capaces
de transmitir el virus a largas distancias.
¿Es
conveniente controlar las poblaciones de aves silvestres?
Existe
un amplio consenso entre los expertos veterinarios y las instancias
internacionales a la hora de considerar que la eliminación
de las aves silvestres de una zona no permitiría controlar
o limitar eficazmente la enfermedad. La FAO y la OIE destacan
claramente que, por regla general, el control de la enfermedad
mediante la eliminación de aves silvestres no es viable
ni conveniente. Dicha solución no tendría prácticamente
ningún fundamento científico, en la medida en que
podría tener efectos contrarios a los buscados y provocar
una mayor dispersión del problema. La eliminación
de todas las aves silvestres de una zona, como medida de precaución
para prevenir la difusión de la GA, no es aconsejable ni
justificable y además podría agravar la situación
provocando una dispersión de las aves potencialmente infectadas.
No obstante, no se puede excluir que ciertas medidas de control
pudieran ser necesarias en el caso de un brote cierto de GA en
casos muy limitados cuando una infección de IA ha sido
identificada en una zona concreta en casos muy limitados y tras
una adecuada evaluación apropiada de los riesgos y los
beneficios de tales medidas, a estudiar caso por caso.
Riesgos
para los cazadores y la caza
Los
cazadores corren teóricamente un riesgo con la GA.
En
primer lugar, los cazadores manipulan aves silvestres recién
abatidas, lo que les expone teóricamente a un riesgo de
infección similar al de otros grupos de personas en contacto
cercano con aves domésticas (trabajadores en granjas de
aves de corral) o silvestres (anilladores). Sin embargo, no debemos
ser alarmistas, puesto que todavía no se ha demostrado
científicamente la posibilidad de transmisión de
la enfermedad entre un ave silvestre y el hombre.
En
caso de que la IA provocase una mortalidad masiva de aves silvestres,
las consecuencias serían de gran alcance para la caza.
En efecto, no tendría sentido la actividad cinegética
de aves (patos o gansos por ejemplo) si la población de
estas especies ha sido diezmada por la GA.
Los
cazadores también podrían verse sometidos a restricciones
legales de caza o incluso a prohibiciones, tomadas por las autoridades
competentes en el marco de programas de prevención. Diversas
medidas preventivas o de bioseguridad tomadas para luchar contra
la GA inciden en la actividad cinegética. Estas medidas
incluyen:
- En
los lugares donde haya habido un brote se establece una zona
de protección (en un radio de 3 km) y una zona de vigilancia
(en un radio de 10 km) en las que se prohíbe la caza.
- En
las zonas de alto riesgo, definidas por los Estados miembros,
el uso de reclamos vivos para la caza está o bien sujeto
a condiciones muy estrictas o bien prohibido (salvo si se usan
tales aves en el marco de un trabajo de preparación de
muestras de seguimiento), y ello a pesar de que no hay ninguna
indicación que muestre que los reclamos influyan en la
transmisión del virus.
¿La
caza forma parte del problema o de la solución?
No
se ha demostrado nunca que la caza contribuya a la difusión
de la enfermedad. Existen, de hecho, muchas otras causas humanas
de "perturbación" y sería ilusorio creer
que, sin perturbaciones, las aves silvestres permanecerían
siempre en el mismo lugar. En realidad, las aves, casi por definición,
se desplazan volando de un lugar a otro, en función de
los alimentos disponibles, de las condiciones climáticas
o de los patrones de reproducción y de migración.
El hecho es que, en 2006, todos los casos de HPAI en aves silvestres
en la UE se registraron fuera de la temporada cinegética
normal.
La
caza podría constituir un instrumento para regular de forma
puntual la presencia de aves, por ejemplo, con el fin de alejarlos
de zonas altamente sensibles con presencia de explotaciones de
aves de corral al aire libre. Podría también impedir
concentraciones locales de aves, dónde los riesgos de transmisión
del virus de una ave a otra fuesen más altos que si se
tratara de una densidad más baja.
En
el caso de que la caza fuese totalmente prohibida, las aves que
normalmente habrían sido abatidas por los cazadores seguirían
simplemente con vida y podrían contribuir al aumento de
concentraciones de aves, ampliando así los riesgos de transmisión
de la enfermedad.
Las
organizaciones y sociedades de cazadores tienen un papel muy importante,
no sólo informando y sensibilizando a sus miembros de la
necesidad de participar activamente en la vigilancia de la GA
en las aves silvestres, sino también asegurándose
de que las medidas de bioseguridad tomadas por las autoridades
sean justificadas y proporcionadas. Es necesario animar a los
cazadores a colaborar sistemáticamente con las autoridades
locales en la identificación y aviso sobre aves muertas
o enfermas, sin tener que temer restricciones injustificadas de
la caza en su territorio, incluso si se comprueba que dichas aves
son portadoras del virus H5N1.
La
Comisión Europea reconoce que los cazadores, por su conocimiento
del terreno, desempeñan también un papel importante
en el control y la vigilancia de la GA, pudiendo suministrar muestras
de aves para detectar el virus, así como advirtiendo a
las autoridades de toda mortalidad anormal de aves. Los 7 millones
de cazadores europeos deben ser verdaderos "centinelas"
sobre el terreno del estado sanitario de la fauna silvestre. Si
se prohíbe la caza sin argumentos justificados este útil
"termómetro" será destruido.